Informalidad laboral en Chile: los desafíos para un trabajo decente
Se estima que un 27% de los trabajadores en Chile se encuentran en situación de empleo informal. Dicha cifra se desprende del último informe sobre la informalidad laboral en Chile (OCEC-UDP), que también resalta que tal situación es más alta en mujeres que en hombres, con una brecha de varios puntos porcentuales.
El informe también agrega que el comercio y los servicios concentran gran parte de los empleos informales y que un alto porcentaje de trabajadores informales no cotiza para pensiones ni tiene acceso a seguros de salud.
Para Mauricio Muñoz, Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales y coordinador del Observatorio Laboral de la Universidad de O’Higgins (UOH) se puede afirmar que la informalidad en Chile se distribuye de forma relativamente equitativa entre aquellas personas que se vinculan laboralmente a una empresa y aquellas que realizan labores de manera independiente. “Esto último puede estar relacionado con la proliferación de emprendimientos informales, fenómeno muy común sobre todo después de la pandemia, que responde a la incapacidad que ha tenido el mercado del trabajo para integrar de manera formal a las personas”, explica el experto.
Agrega que, en el caso específico de los trabajadores dependientes, esto puede estar asociado a subterfugios que utilizan las empresas, empleando a personas de manera informal, para evitar los costos asociados a la formalización, tanto económicos (cotizaciones o indemnización por años de servicio), como de gestión. “También está el fenómeno que denomino ‘informalidad consentida’, es decir, cuando los empleados les piden a sus empleadores evitar el contrato de trabajo con el fin de obtener una remuneración líquida más alta”, indica.
¿Retroceso?
Mauricio Muñoz añade que, en comparación con los mercados laborales de Latinoamérica en general, la informalidad en Chile es relativamente baja, aunque persistente. “La tasa de informalidad del país, durante los últimos años, dependiendo de la temporada, oscila entre el 26 y 29%. Por supuesto que, de cualquier manera, es un problema sobre el que, para atenuarlo, se deben focalizar políticas públicas en materia de empleo, sobre todo en la población mayor, ya que son los adultos en edad de jubilar en donde la informalidad es más alta, doblando el promedio nacional”.
Agrega que esto también se asocia a otros problemas, como -por ejemplo- el bajo nivel de pensiones que empuja a los jubilados a seguir trabajando, muchos de ellos en la franja informal.
Por eso añade que el crecimiento económico es fundamental para que los empleos se puedan proyectar en el tiempo, “de lo contrario, se conforman iniciativas empresariales en torno a proyectos contingentes, lo cual redunda en trabajos esporádicos e informales”.
Puntualiza también en la inestabilidad del mercado del trabajo. “En muchas regiones del país el mercado responde a economías cíclicas, que generan más empleos en determinadas temporadas; mientras que en otras zonas aumenta el desempleo, se tienden a informatizar las relaciones laborales, y requieren de políticas públicas que reduzcan estas variaciones en la demanda de trabajadores”, detalla Muñoz.
Por último, el sociólogo señala que las bajas remuneraciones son otra de las razones por la cual las personas optan por la informalidad. “Según datos de la Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE, en Chile el 50% del total de personas ocupadas tienen una remuneración mensual líquida por debajo de los 503 mil pesos. Ante esto, frente a un mercado del trabajo que tiende a pauperizar los salarios y reproducir la pobreza, es razonable que la gente opte por iniciativas individuales, por emprendimientos que muchas veces pueden estar en el terreno de lo informal”, finaliza.