Consecuencias del mal diseño de oficinas: estrés y bajo desempeño

Por Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)

El agotamiento y el estrés laboral pueden hacerse presentes como consecuencia del mal diseño de las oficinas, así como de los llamados “ambientes estériles”, es decir, ambientes en los que no existen elementos naturales que puedan ejercer algún tipo de estimulación y/o motivación interna en las personas. Con mayor razón, si quienes dirigen las labores productivas no muestran ningún interés por el bienestar de sus trabajadores.

Un estudio clásico que puso en evidencia esta compleja realidad se relaciona con el llamado “Efecto Hawthorne” que corresponde a un proyecto de investigación en una fábrica de la Western Electric Company, en un sector de la ciudad de Chicago, Estados Unidos, llamado Hawthorne. Esta investigación –que fue liderada por el Dr. Elton Mayo, profesor de la Universidad de Harvard–, fue precedida por otro estudio dirigido, asimismo, por Elton Mayo en una fábrica de textiles de Filadelfia, Estados Unidos, y consistió en investigar las causas del alto nivel de rotación del personal y diversos problemas en los procesos productivos, a pesar de que la Gerencia de la empresa había aplicado –sin éxito– una serie de políticas de incentivos al desempeño.

El equipo investigador llevó a cabo una serie de cambios en el lugar de trabajo de la empresa textil –aumentando o disminuyendo el nivel de iluminación, por ejemplo– sacando como conclusión, que indistinto de los cambios que se hicieran, cuando un grupo de trabajadores se da cuenta que está siendo observado, en la mayoría de los casos, los empleados tenderán a demostrar sus capacidades, lo que trae como consecuencia un incremento en su interés y esfuerzo por hacer notar sus aportes, lo cual, de manera automática, llevó en este experimento a un aumento de la producción.

En el estudio “Hawthorne” se quiso determinar qué tipo de relación existía entre la intensidad de la iluminación y la eficiencia de los obreros en la producción –si es que había una–, pudiendo verificar muy pronto que ese no era el único factor que incidía en los niveles de producción, sino que habían otras variables psicológicas que también jugaban un importante rol en el proceso productivo. El Dr. Mayo advirtió en este estudio que se hacía necesario modificar el “modelo mecánico de comportamiento humano” y sustituirlo por otro modelo de producción que tuviera más en cuenta los sentimientos, emociones, actitudes, complejidad motivacional y otros aspectos del ser humano.

Otra importante investigación realizada en Inglaterra con más de mil oficinistas, detectó, asimismo, que ambientes de trabajo ruidosos, carentes de buena iluminación, con mala ventilación, ausencia de ventanas con vista al exterior, con malos olores, sin plantas de interior, etc., provocaban trastornos en la salud mental de los trabajadores.

Tanto así, que más de la mitad de los encuestados reportó que se sintieron estresados al final del día, siendo el grupo etario más afectado el que iba de los 25 a los 34 años, con dos de cada tres personas declarando haber experimentado tensión y agotamiento durante la jornada.

Uno de los errores más frecuentes al respecto de este tema, se relaciona con el hecho de diseñar ambientes en función de conceptos arquitectónicos que, a menudo, están reñidos con las necesidades laborales de quienes van a ocupar dichos ambientes. En este sentido, los arquitectos Joan Boldú y Pascal Martínez hablan del aspecto negativo y desagradable de ciertas construcciones que ellos denominan “síndrome del edificio enfermo”, es decir, aquél conjunto de síntomas que sufren los trabajadores de un “edificio enfermo” relacionado directamente con su ambiente interior poco grato, tales como los contaminantes volátiles del aire que circulan al interior del edificio, el sistema de ventilación, el diseño de los espacios, etc.

El síndrome del edificio enfermo se define como “la situación en la que en un edificio determinado, más personas de lo normal manifiestan tener un conjunto de síntomas inespecíficos, pero bien definidos, que desaparecen al abandonar el edificio”. En este caso, estaríamos hablando de una serie de diversos trastornos de salud: (a) síntomas de las vías respiratorias altas y bajas que producen asma bronquial, rinitis alérgica, (b) problemas dermatológicos como una dermatitis atópica), (c) trastornos oculares, (d) síntomas claustrofóbicos asociados a espacios muy reducidos.

Antes, un trabajador necesitaba de un cierto espacio para desempeñar su labor. Sin embargo, hoy en día, con la incorporación de computadores, impresoras, teléfonos, atención de clientes internos y externos, etc., el espacio físico que necesita la persona es mayor, por lo tanto, la falta de espacio y de un ambiente adecuado, termina, finalmente, por provocar tensión y trastornos por estrés en la gente.

El estudio demostró que es necesario cautelar el confort ambiental integral del lugar de trabajo, lo que implica que hay que considerar tanto el tipo de labor que realizan las personas como así también los espacios físicos en los que se desempeñan.

En función de lo anterior, toda acción o esfuerzo que permita llevar la naturaleza y un cálido ambiente al lugar de trabajo, significa “humanizarlo”: tener una ventana que facilite descansar la vista, contar con plantas de interior, tener oficinas con colores cálidos y luminosos, disponer de espacios amplios que eviten el hacinamiento, escuchar música agradable de fondo, etc., permiten bajar los niveles de estrés y agotamiento, al mismo tiempo que se elevan notablemente los niveles de satisfacción y rendimiento del personal. Ganancia por donde se lo mire.

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